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Vareando olivos centenarios en Galicia

Este año quisimos conocer de primera mano una actividad que hasta hace poco había quedado totalmente olvidada en Galicia: el vareo y la recogida de aceituna. Para ello nos desplazamos a la comarca de Monterrei, al sur de la provincia de Ourense, donde al igual que en muchas otras zonas del sur gallego, aún se conservan decenas de “oliveiras” centenarias.

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El aprovechamiento de estos olivos autóctonos para la elaboración de aceite hace ya varias décadas que se dejó de considerar por parte de los lugareños, pero la existencia de algunos viejos molinos/almazaras en la comarca y el majestuoso porte de estos árboles centenarios confirman que en otros tiempos su fruto fue muy valorado. Aún hoy, y casi que a modo de homenaje, los habitantes de la zona recogen algunos kilos manualmente para elaborar aliños y encurtidos.

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Nuestra actividad consistía en recoger al modo tradicional (mediante mantas extendidas por el suelo y varas de diverso tamaño) la aceituna de aquellas ilustres “oliveiras”. Dos jornadas de trabajo dieron como resultado unos 350 kg de aceituna, que tras su molturado en una almazara moderna se transformaron en unos 40 litros de aceite, una cantidad que resultó pequeña en proporción a los kilos de fruto recogido. Nuestro desconocimiento hizo que varearamos los árboles tres semanas más tarde de su momento ideal, y como consecuencia, el fruto había empezado a pasificarse y por tanto a disminuir su cantidad de zumo.

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Sin duda, la experiencia alegró a los habitantes de la zona, y de un modo u otro nos lo hicieron ver; pasando por allí para aconsejarnos, ayudándonos a coger el fruto o recomendándonos técnicas de colleita (recogida, en gallego) que recordaban de su juventud. Sirvió también para reunir a portugueses y gallegos de la zona, arraianos (cercanos a la raia, la frontera) todos, colaborando con el objetivo de recuperar un cultivo que a lo largo de los siglos les ha unido, sin importar la línea divisoria entre dos países bastante más jóvenes que el propio cultivo del olivo en aquellas tierras.

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El resultado de esta experiencia, además de por su valor etnográfico y social, tuvo un sabroso colofón con la cata del recuperado zumo de oliva. Un aceite sutil, afrutado, con leve picor y amargor y un gusto muy agradable en boca. Un aceite muy delicado, distinto a los aceites del sur de España, mucho más intensos y fuertes. Un gusto que sin duda nos ha recordado a los AOVE (aceite de oliva virgen extra) que marcas dedicadas a la oleicultura tradicional, como Aceiroga elaboran en nuestra tierra. Aceites de oliva gallegos que Galicia Orixinal distribuye y promociona, que nos hablan del pasado, del presente y de un gran futuro, por tratarse de un producto único y de excelente calidad.

En busca del aceite de oliva gallego

Hace algunos días en Galicia Orixinal tuvimos el privilegio de visitar dos molinos ancestrales dedicados a la producción de aceite. Nuestro interés radicaba en conocer de primera mano cuándo y cómo se elaboraba el aceite de oliva virgen en Galicia.

Molino de aceite al sur de Verín

Molino de aceite al sur de Verín

En nuestro viaje por tierras de Verín y la frontera galaico-portuguesa no sólo pudimos observar la arquitectura de un par de joyas etnográficas, al menos una de ellas sin catalogar, sino conocer la opinión de un viejo “muiñeiro” de aceite, que nos contó cómo se elaboraba aquel oro verde con el que comerciaban las gentes de la Galicia meridional. Supimos por él que los molinos-almazara podían ser movidos con la tracción humana o la animal, e incluso, como fue el caso de los molinos visitados, con la fuerza de la corriente de un río. De ese modo se molían las aceitunas entre dos piedras y de la pasta resultante, previamente depositada en unas superficies de esparto apiladas una encima de otra y prensadas entre sí, se extraía el aceite de oliva virgen, añadiendo agua caliente sobre dicha pila, para separar así el aceite del resto de componentes.

El viejo “muiñeiro” nos comentó que por dicha zona existen aún hoy ejemplares de olivos gallegos centenarios, con cuyas aceitunas gallegas se elaboraban unos aceites reconocidos por su suavidad y carácter frutal. Contaba también que las variedades de olivos gallegos resisten mejor la lluvia que los olivos foráneos.

Lagar de piedra con "bico" ( boca) y capacho de esparto para aceite

Lagar de piedra con “bico” (boca) y capacho de esparto para hacer aceite

Al finalizar el viaje indagamos más en la historia del aceite en Galicia y prueba documental de su existencia como bien comercial se tiene desde la época de los Reyes Católicos que ordenaron por decreto real su tala en Galicia para apoyar la producción de esta noble planta en la recién conquistada Andalucía. En cuanto a su verdadero origen en estas tierras, se podría pensar que fue traído por los romanos, que al explotar los valiosos recursos minerales de los cursos fluviales del Miño y el Sil, plantaron en esos cálidos y soleados valles dos de sus plantas de culto: la vid y el olivo.

Por fortuna, el cultivo y la producción de este árbol se mantuvo a pesar de la prohibición y los siglos de olvido, y prueba de ello es que hasta nuestros días han llegado pequeñas empresas artesanas dedicadas a la oleicultura, que plantan y recuperan olivos en Galicia. La casa Aceiroga recoge, produce y elabora aceite gallego en la comarca de Quiroga y Eidos de Iria recolecta aceituna para la producción de aceite por la geografía del sur de Galicia. Dos ejemplos que a juzgar por la calidad de sus productos, hablan de un futuro prometedor. El aceite de oliva gallego ha vuelto para quedarse.